‘Cuando estás cerca de mí’ continúa la mítica canción de Ray Heredia. Vivir es una alegría aunque a veces se convierta en pena y sufrimiento. En estos dos meses de confinamiento hemos aprendido a apreciar detalles que hasta el momento nos parecían insignificantes. Esta pesadilla llamada coronavirus nos ha servido para querernos un poco más y echarnos un poco de menos. Valorar algo tan sencillo como dar un abrazo, un beso o estar con nuestros seres queridos.

Han sido muchos los abuelos que se han ido sin conocer a sus nietos. Muchos los hijos que no han podido despedirse de sus padres. Un dolor inconsolable que solo conocen los que lo han padecido en sus propias carnes. Tal vez, por todos ellos debamos hacerle un homenaje a la vida. Los granadinos, tras dos meses de aislamiento por fin han podido reunirse con sus familiares y sus amistades. Los que tenemos a ‘nuestra gente’ en otra provincia, nos toca seguir esperando ese bellísimo y anhelado momento del reencuentro.

Esta pandemia ha marcado un antes y un después en nuestras vidas, espero que a la larga sea para mejor. Ojalá ese afán por cocinar, reciclar o hacer deporte persista cuando llegue la ‘nueva normalidad’. Que todas esas videollamadas que hemos hecho con personas a las que únicamente felicitábamos por Navidades, no caigan en saco roto. Que ese dinero que hemos ahorrado por no consumir fuera de casa, sirva para reactivar la economía.

La amenaza del ‘bicho’ sigue latente pero debemos ser fuertes física y mentalmente para derrotarlo. No podemos caer en lo que los psicólogos denominan el ‘síndrome de la cabaña’, debemos salir de casa y recuperar nuestras vidas. Porque la vida es para vivirla, aquí y ahora. Y si es con una sonrisa, mucho mejor. Yo lo haré, por mí y por todos los que ya no están. Y tú, ¿vas a vivir?

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