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Un 13 de diciembre del año 2010 el cantaor flamenco Enrique Morente nos dijo adiós tras más de 40 años dedicados al cante jondo. Debido a una parada cardiorrespiratoria en mitad de una operación para tratar un cáncer de esófago, el cantaor falleció a los 67 años de edad. Morente sufrió una encefalopatía hipóxica isquémica de la que no pudo recuperarse.

Desde entonces, cada 13 de diciembre se recuerda y conmemora la figura y la obra flamenca de Morente. El cantaor supuso un punto de partida y de inspiración para otros muchos artistas locales y patrios, dedicados al arte jondo o a estilos totalmente opuestos a priori.

De toda la extensa obra del artista criado en el barrio del Albaicín, siempre destaca Omega (1996), álbum que revolucionó el flamenco, incomodó a los más puristas y que se convirtió en disco de culto. Morente prestó su voz a diversos poemas de Federico García Lorca y de Leonard Cohen para crear una obra capaz de romper los moldes establecidos, de llevar al flamenco a otra dimensión y de mezclarlo con otros estilos como el rock and roll.

La colaboración con la banda granadina Lagartija Nick, que aportó el sonido sucio y la distorsión de la guitarra eléctrica, pasó a la historia como uno de los mejores trabajos del cantaor y del flamenco. Para los más pulcros veneradores del género, Morente también dejó un largo legado de obras más puristas y próximas al quejío flamenco. Discos como Cantes Antiguos del Flamenco (1968), Se Hace Camino al Andar (1975), Despegando (1977) o Sacromonte (1982) lo atestiguan.

La inspiración ‘morentiana’

En definitiva, Morente fue un ejemplo de versatilidad artística, adaptación y de experimentación para conocer nuevos sonidos jamás antes descubiertos. Muchos en Granada lo consideraban y lo consideran a día de hoy como un profeta musical digno de llegar a todos los oídos. Así, nació hace años el proyecto de Los Evangelistas.

Músicos de Los Planetas y Lagartija Nick decidieron reunirse para predicar por toda la geografía nacional el Evangelio ‘morentiano’. Un artista nacido en el Albaicín y que se marchó al cielo para cantarle al poeta sus propias ensoñaciones.