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Exactamente medio año separa el primer partido europeo en la historia del Granada al que esperemos que no sea el último. Entre el 17 de septiembre en Albania y el 17 de marzo en Hungría, han pasado tantas cosas que necesitaríamos demasiados párrafos para explicarlas. Pero lo más importante, es que el Granada sigue vivo en Europa y dando guerra.

Los rojiblancos están a 90 minutos de seguir haciendo historia y el viento en Budapest sopla frío y a favor. Porque el resultado de 2-0 de la ida hace que el granadinismo sea optimista para estar entre los 8 mejores del continente (16 si sumamos los de Champions).

La baja por lesión de Dimitri Foulquier abre un abanico de posibilidades en el carril derecho. A priori, lo más lógico y sencillo es que Jesús Vallejo juege de lateral, algo que ya ha hecho esta temporada, pero hay que tener en cuenta que sale de lesión. Otra posibilidad es que Antonio Puertas actúe de carrilero, cambiando el dibujo.

Diego Martínez juega al despiste, dejando entrever que el maño podría ser de la partida inicial, pero sin descartar que el almeriense tenga que retrasar su posición. Junto a Yangel Herrera en rueda de prensa, bromeaba diciendo que incluso el de La Guaira ha desempeñado ese rol en su pasado en el Huesca.

Los 15 minutos de reloj que los periodistas pudimos observar en el majestuoso Puskas Arena nos sirvieron para corroborar el buen rollo de la familia rojiblanca. Charla grupal con Neva y Milla que se retiraron de inmediato a vestuarios. Collejas a Robert Kenedy que no hacía ni 24 horas que era padre. También le cayeron a Darwin Machis. Y luego, muchas risas, vaciles, y los ‘tocados’ trabajando al mismo ritmo de los demás. En el país de Jeno Kalmar, el Granada tiene otra cita para la historia.