Al entrar se siente un fuerte olor a comida, es la hora del almuerzo y los residentes lo saben. Algunos están fuera echando un cigarrillo, otros durmiendo la siesta en las camas improvisadas. Otro escuchando música. Es él quien pone el ambiente por lo que me pude percatar, y por cierto, con muy buen gusto. Nada mejor que Bob Marley para amenizar la crisis.

Hace días que la pesadilla empezó para los granadinos con la entrada del COVID-19 en la provincia. Durante los últimos días se ha visto como Granada ha ido aumentando los números de contagios y las personas han tenido que abandonar la ciudad. Radio Marca Digital se adentra en el Pabellón Paquillo Fernández.

Por que Granada se ha convertido en una ciudad desértica, algo muy poco habitual de ver. Desde que el presidente de Gobierno Pedro Sánchez declarase el «estado de alarma» el confinamiento es cada vez mayor. La ciudad ha quedado sin vida y con un aspecto fantasmal difícil de digerir.

Sin embargo hay otro lado que no vemos. Se trata de las personas sin hogar, los «sin techo» personas que por razones obvias no pueden aislarse del virus. ¿Qué pasa con estas personas? ¿Dónde pueden ir?

Pues bien, el Ayuntamiento de Granada ha velado por los intereses de esta gente y ha habilitado espacios para dar refugio a personas sin hogar. Uno de estos recintos es el Paquillo Fernández. Pabellón que actualmente se ha convertido en un bálsamo para las personas más necesitadas en esta crisis sanitaria.

Entrando al Paquillo Fernández

Así se ve el Paquillo Fernández habilitado como albergue provional. FOTO: PhotographersPress

Alberto Fernández Muñoz, coordinador de la Fundación Atenea es el encargado del albergue. Alberto y su equipo hacen una labor inconmensurable con una calidez humana que se percibe a simple vista. Desde que llegaron al recinto el lunes 16 de marzo, Alberto ha dedicado su tiempo a cerciorarse que nada falte en el Paquillo Fernández.

Apoyo de asociaciones y empresas

Alberto menciona que han tenido mucha ayuda de diferentes lados. Desde la cruz roja que les ha donado las camas, hasta caterings y pastelerías como la Isla, Calor y Café y Pastelería Sol que han llevado comida para los usuarios del albergue. La Guardia civil y el Banco de alimentos también han aportado donando galletas y leche, así como otras asociaciones como Adultos de Cartuja y la Concejalía de derechos sociales.

Falta de espacio

Una de las preocupaciones de Alberto y su equipo es tener que adaptarse al aforo. «Es complicado sin un planteamiento previo, poco a poco vamos aumentando la logística para estabilizarnos».

Actualmente el albergue cuenta con 78 plazas para personas sin hogar. El pabellón está adaptado con camas, hamacas y sillas para brindar comodidad a los usuarios. Cabe destacar que cada cama e inmueble cuenta con su respectiva distancia de seguridad (1m) para evitar el contacto entre los usuarios. Los habitantes del lugar disfrutan cada día de tres comidas, desayuno, almuerzo y cena.

Las plazas son limitadas, incluso hay gente que tiene que quedarse afuera del recinto por falta de aforo. Sin embargo cuando algunos usuarios dejan el lugar por razones personales, la plaza es ocupada enseguida. La demanda es mucha y hay una lista de personas que esperan afuera del Paquillo Fernández.

El acceso al lugar conlleva a un sencillo proceso de registro como explica Alberto. «El solicitante debe presentar una identificación, aunque por la situación entendemos si no cuentan con ella». Alberto menciona que se llevan todas las medidas de higiene. «Automáticamente el usuario es dado de alta y se les otorga material de higiene como lo son guantes y mascarilla».

Control de salud

Hasta el momento ningún usuario se ha contagiado del virus. Los usuarios están en constante vigilancia medica. «Se toma tres veces la temperatura usando un termómetro que nos donaron». Esta medida fue puesta para llevar un control interno y cerciorarse de que nadie esté enfermo.

Algunos usuarios han presentado algunos síntomas por lo que se ha adaptado una zona de aislamiento según explica Alberto. «Usamos las gradas del pabellón para aislar a los usuarios que presentan síntomas, así los mantenemos lejos de los demás para evitar contagio». Una vez que el usuario se recupera puede regresar a la dinámica del grupo.

La higiene es importante para mantener la salud de los usuarios de forma óptima, por eso Alberto nos explica como mantienen limpia la zona. «Tenemos un servicio de limpieza que viene a desinfectar el pabellón todos los días a las 8 de la mañana, igualmente se hace una limpieza de 4 horas por la tarde y una hora y media por la noche».

La Fundación Atenea

Alberto cuenta con un equipo de trabajadores que elaboran 24 horas de lunes a domingo en el Paquillo Fernández. Una labor humanitaria que cuenta con 15 empleados trabajando día y noche para hacer la estancia de los usuarios lo más cómoda posible.

La Fundación Atenea ha sido puesta a cargo de este pabellón. Alberto y su equipo de trabajadores realizan una excelsa labor y han podido crear un espacio para ayudar a las personas más necesitadas de Granada.

La vida dentro del Paquillo

José Moreno carretero, usuario de 60 años de edad ha estado en el albergue desde el pasado lunes y nos contó un poco acerca de cómo se vive dentro. «Dentro de lo que cabe estamos bien, mejor que en la calle pero la situación es mala, no creas que estamos en nuestra casa».

Entre risas José nos cuenta lo que desayunan en el albergue. «De todo, un desayuno normal, un bocadillo y un café con leche, a veces dos, un zumo de naranja, yo que sé, mil cosas». Al preguntarle por la comida me percaté que es la que más disfruta en el día. «Pues nos dan nuestro plato del día, nuestro postre y después el café ¿qué mas quieres? Ni en el Rey chico».

La convivencia en el Paquillo se percibe a plena vista, José llegó al albergue con algunos amigos pero dentro ha podido conectar con otros usuarios. «Yo vine con dos amigos, he hecho otros dos amigos, hombre no nos vamos a poner negativos». José sabe que la situación es delicada, pero su mayor preocupación es otra. «La situación es muy alarmante, no lo siento por mi, lo siento por mi hijo, yo tengo la vida vivida».

«Sabía que tenía que atravesar algo difícil, pero qué, no lo sabía yo, puede ser una señal o puede ser el final». Las palabras de José nos deja un poco tocado, tal vez aún no nos demos cuenta de la magnitud de esta crisis. Sin embargo para todo mal hay un remedio y como dice José «al mal tiempo buena cara».

José agradece de corazón a los empleados que hacen más ameno su día a día. «Me siento familiarizado ya con el personal (entre risas) y sería una desfachatez destacar a uno porque hacen una gran labor día con día y se agradece».

José transmite mucha positividad en su última respuesta. «Vamos a apoyarnos en nuestra situación, si todos ponemos de nuestra parte podremos salir de esta situación».

Traslado a FERMASA

En días anteriores se empezó a manejar que el albergue se trasladaría a las instalaciones de FERMASA. Recinto conocido por albergar la feria de muestras de Armilla. Sin embargo, Alberto nos comenta que si bien la petición está hecha, aún no es oficial el traslado.

Alberto sabe que el traslado a las instalaciones de Armilla sería beneficioso para todos. «Podríamos dar mayor atención a usuarios necesitados y aumentar el personal, sería un cambio muy positivo, pero habrá que esperar».

«No somos los únicos»

Por último Alberto sabe que la labor que hacen no es única y quiso dejar en claro su agradecimiento a otras instituciones. «Hay muchas asociaciones que hacen un gran trabajo al igual que nosotros». El Albergue Madre de Dios y OCREM son dos instituciones que Alberto destaca enormemente. «Me parece un poco injusto que estas dos instituciones estén a la sombra, hacen una labor maravillosa que merece ser reconocida».

La realidad y coincido con Alberto es que hay muchas asociaciones e instituciones que hacen una gran labor por los más necesitados. Muchas de ellas no son reconocidas. Sin duda son tiempos difíciles y para salir lo más pronto posible de esta fatídica situación es importante apoyarnos mutuamente.

Labores como las de la Fundación Atenea merecen un gran aplauso ya que dan un poquito de esperanza a las personas que no tienen nada. Personas como las del Paquillo Fernández que con tan solo un poquito de ayuda te agradecen para toda la vida. Nos marchamos y Bob sigue sonando.