El Granada CF consiguió el pasado jueves 22 de octubre su primer triunfo oficial en la Europa League en sus casi 90 años de vida. Todo un campeón de Europa como el PSV Eindhoven no pudo contener la furia de un conjunto rojiblanco que salió a morder desde el inicio, pero que fue en la segunda parte cuando implantó su propia impronta guerrera al partido.

Darwin Machis puso a los rojiblancos por delante con un misil tierra-aire que se alojó en la escuadra de la portería defendida pro Mvogo. Previamente, Jorge Molina había puesto las tablas al tanto inicial de los locales aprovechando una gran asistencia de Antonio Puertas. Así, el de Alcoy se convirtió en el autor del primer gol oficial del Granada en competición continental y, sin darse cuenta, cambió su pasaporte español por uno húngaro.

En los años ’50, la selección húngara maravilló al mundo del fútbol, un deporte que había comenzado a cambiar algún tiempo atrás. Con una rutina de entrenamientos más regular y ordenada para la época, los Kocsis, Puskás o Grosics situaron a Hungría como el rival a batir. Tras coronarse como campeones olímpicos en los JJOO de Helsinki un año antes, fue en 1953 cuando el combinado dirigido por Gusztáv Sebes dio un golpe verdadero sobre la mesa, como cuenta Carlos Martin Rio en Panenka.

El equipo de oro húngaro

En el legendario estadio de Wembley, los húngaros derrotaron a Inglaterra, el país inventor del ‘football’, por 3-6 en el denominado como ‘Partido del Siglo’. Tan solo fue un amistoso, pero la caída inglesa supuso un cambio de ciclo. Hungría se convirtió en el primer equipo no británico capaz de doblegar a los ingleses en Wembley gracias a su formación, que permitía a los ‘magiares’ ocupar e intercambiar varias posiciones a lo largo del encuentro.

Años atrás, Hungría mantenía una racha de imbatibilidad que superaba la treintena de partidos consecutivos. Una racha que finalizaría con sorpresa en el mundial de Suiza de 1954, cuando Alemania Occidental consiguió remontar los goles de Puskás y Czibor en la final del ‘Milagro de Berna’. El mejor equipo húngaro de la historia se acabaría disolviendo fruto de la revolución que vivió el país en 1956. Sin embargo, en el Philips Stadion el Granada consiguió recordar la historia del ‘equipo de oro’ húngaro con su ‘magiar’ particular.

Molina, un ‘magiar’ más

Jorge Molina no solo anotó el primer tanto en la historia del Granada en una competición europea, sino que batió un récord que conservaba a día de hoy un integrante de la selección que dominó el mundo. Con 38 años y 183 días, como asegura el estadístico Fran Martínez, el atacante rojiblanco se erigió como el jugador más longevo de la historia en marcar un gol con un equipo español en un torneo continental.

Así, el ariete de Alcoy le arrebató esta marca tan señalada a toda una leyenda del fútbol soviético y mundial: Ferenc Puskás. Con la misma edad pero con 173 días, diez menos que Molina, consiguió anotar el húngaro su último gol con la camiseta del Real Madrid en Europa. Puskás comparte con Di Stéfano el récord de máximo goleador en finales de la Copa de Europa con siete tantos.

Esta cima parece más imposible de alcanzar para Jorge Molina, aunque nunca se sabe. Disputar tres competiciones, una de ella europea, con 38 años y 183 días también lo parecía. A la vejez, viruelas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *