La cuarentena en el comercio granadino

Cada tarde, a las 20:00 h., España entera sale a sus balcones a agradecer, aplauso mediante, la labor de los sanitarios de este país. Durante los ocho días que llevamos confinados en nuestros hogares (salvo algunas excepciones de dudoso compromiso social), han sido muchas y muy emotivas las escenas que se han vivido durante estos merecidos aplausos. Médicos/as, enfermeros/as, celadores/as y demás personal sanitario son, como digo, diariamente reconocidos por el resto de la población española. Pero no son el único gremio que trabaja estos días de cuarentena. Son bastantes los negocios, empresas y locales autorizados a seguir desempeñando su labor diaria para prestar servicio al resto de españoles. Supermercados y tiendas de alimentación, estancos, farmacias, quioscos, transporte público o el taxi son solo algunos de los servicios que se siguen ofreciendo para que el ciudadano pueda tener cubiertas sus necesidades básicas (y algunas que no lo son tanto). En este periódico hemos podido conversar, siempre guardando la distancia de seguridad, con varios trabajadores que prestan estos servicios mencionados anteriormente. ¿Cómo afecta la cuarentena en el comercio granadino?

Cuestiones económicas

La mayoría de ellos coincidió en que no están ganando tanto dinero como se pudiera presuponer por el hecho de ser los únicos negocios abiertos. “Hace diez días vendíamos de todo, pero desde que estamos así ya no hay heridas, ya no hay dolores musculares…”, comentaba con cierta ironía una farmacéutica del Camino de Ronda. “Creo que la gente está respetando bastante la cuarentena, aunque siempre está quien se pasa de listo”, nos contaba el propietario de un estanco cercano a la zona del Río Genil. Y añade: “Estamos vendiendo más o menos lo mismo de antes. Hay clientes habituales a los que llevo sin ver todos los días del confinamiento, porque, sabiendo lo que venía, se llevaron cartones en vez de paquetes sueltos”. Y concluía así: “Algunos fuman más cuando están en casa, pero hay gente que solo fuma cuando sale, cuando está con su café o su cerveza en una terraza, así que estos días esos clientes no vienen”.

La psicosis ciudadana creada en muchas partes de España incluso antes de la declaración del Estado de Alarma ya ha pasado. José Ángel, cajero de una conocida cadena de supermercados nos atendía unos minutos: “Parece que ese miedo a quedarse sin alguno de los productos ya ha desaparecido. La petición de las autoridades y de los propios supermercados de no hacer acopio ha calado. Ya no se ven esos carros desbordados que se veían hace una semana”. Además, informaba: “Hemos dejado de traer productos que no son de primera necesidad y hemos reforzado algunos que estaban muy solicitados por el cliente, como algunos de higiene o los frescos de alimentación”. La farmacéutica mencionada anteriormente también nos contaba que “hace días hemos estado justos de medicamentos habituales como el ibuprofeno o el paracetamol, porque la gente pensaba que se iban a terminar y la gente venía corriendo a por ellos, pero ya no sucede”.

Medidas de seguridad

Respetar la distancia de seguridad entre personas es importantísimo para reducir las probabilidades de contagio. Así se hace, por obligación, en todos los supermercados. José Ángel nos contaba que “el trabajo estos días es mucho más estresante”, porque “no solo tienes que hacer tu trabajo de siempre, sino que, además, hay que estar pendiente de que se guarde la distancia en las colas, que no se llene demasiado el establecimiento, que la gente cumpla con las medidas de higiene aún más que antes…”. También se respeta esa distancia en el transporte público, pero más por desuso del servicio que por otro motivo. “Estamos moviendo un volumen de pasajeros infinitamente menor que hace diez o quince días”, aseguraba fugazmente en una de sus paradas un conductor de la línea 5 en el cruce del Camino de Ronda con Calle Alhamar.

Pero no solo respetar la distancia de seguridad es fundamental, también lo es cumplir con el protocolo de higiene y prevención. Absolutamente todos los trabajadores entrevistados atendían sus negocios con guantes y mascarilla, algunas más rudimentarias que otras, eso sí. “Es obligación. No podemos quitarnos la mascarilla ni los guantes en todo el turno de trabajo. Ni nosotros ni los trabajadores de seguridad del supermercado”, nos contaba, una vez más, José Ángel, el cajero entrevistado. En ese sentido afirmaba también la mujer que despachaba el mostrador de una pescadería del barrio: “Si lo hace un conductor o un vendedor de periódicos, imagínate yo que estoy manipulando alimentos todo el tiempo. Nadie ha venido a supervisarme, pero es una cuestión de responsabilidad a la que yo misma me obligo”.

La cuarentena en el comercio menor

Los pequeños negocios son los que se están viendo más afectados. Así nos lo aseguraba el dueño de un quiosco absolutamente vacío mientras nos atendía: “Estoy trayendo la mitad de prensa diaria de lo que hacía antes. Porque los primeros días he tenido que devolver casi el 40%. La gente se queda en sus casas y se está informando más con la prensa digital o con la televisión”. Y continuaba: “Por no hablar de productos como las gominolas o las bolsitas de patatas. No lo compra nadie”. De igual modo se expresaba la anteriormente mencionada pescadera: “Antes había gente que compraba la fruta y verdura en la frutería, el pan en la panadería, la carne en la carnicería y para el pescado venían aquí, pero estos días todo el mundo va al supermercado para hacer la compra rápidamente y de vuelta a casa”.

Lo que está claro, después de conocer todas estas historias de cerca, es que, obviamente, un médico, una enfermera o los celadores que se encargan de traer y llevar a los enfermos en el hospital, merecen el aplauso diario que reciben en los balcones. Pero no lo merece menos el quiosquero que abre su local para que te mantengas informado, aunque estos días venda menos. Ni el conductor que te lleva a tu trabajo. Ni tampoco el trabajador de un supermercado que tiene todo presto y dispuesto para que cualquier que vaya pueda seguir con su vida de la forma más habitual posible. Ni la pescadera que sobrevive en estas duras semanas vendiendo cuatro boquerones contados. Ni la farmacéutica que atiende amablemente a quien entra en su farmacia para adquirir los medicamentos necesarios para curar cualquier enfermedad o malestar. Ni tampoco, visto lo visto, el estanquero que sigue abriendo su estanco día a día para que quien tenga el mal hábito de fumar compre su marca favorita de tabaco. Que estos días ya son bastante duros de por sí…

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