Es indudable que durante años el entrenamiento en fútbol ha estado literalmente fragmentado en una parte, generalmente inicial, centrada en el aspecto condicional o físico y otra orientada al técnico-táctico, a pesar de que la lógica interna del juego se presenta como un todo indivisible, una estructura hipercompleja. La importancia de ese apartado físico orientado a la estructura condicional ha sido, es y será foco de discusión en cualquier foro relacionado con la temática en cuestión.

Por otro lado, la aplicación de la teoría de los sistemas dinámicos al deporte en general y al fútbol en particular, representa esa asunción del entrenamiento deportivo como una unidad no quebrantable en sus partes. De acuerdo con muchos autores, el “Entrenamiento Estructurado”, propuesto para deportes colectivos desde hace años y cuyo éxito está más que demostrado, se fundamenta en esta teoría no lineal. Se considera al jugador como un ser formado por una serie de estructuras (condicional, coordinativa, cognitiva, emotivo-volitiva, socio-afectiva, creativo-expresiva y mental), todas ellas interrelacionadas entre sí, lo que debe ser tenido en cuenta a la hora de plantear un entrenamiento el cual irá evolucionando a lo largo de 4 niveles de aproximación a la realidad dentro de un marco de especificidad: general, dirigido, especial y competitivo/situación real pura. Por lo tanto, el juego como tal, representante máximo de esa especificad holística, debe ser protagonista de nuestro entrenamiento en fútbol.

Las últimas tendencias en cuanto a periodización y metodología de entrenamiento en fútbol emanan de la escuela portuguesa. Se ha mediatizado mucho en los últimos tiempos un modelo de entrenamiento denominado “Periodización táctica”, el cual prioriza, por encima de todo, el modelo o idea de juego (cómo quiero que juegue mi equipo). Dicho modelo es algo idealizado que estará en permanente fase de construcción/perfeccionamiento durante la temporada a partir de los diferentes principios y sub-principios que lo sustentan. Esta forma de entrenar tiene como protagonista principal al juego, ya que en él aparecen, en su justa medida, las distintas estructuras mencionadas anteriormente interaccionando de forma específica y contextualizada. Además, la literatura científica sustenta que, a nivel condicional cardiorrespiratorio, se pueden conseguir los mismos resultados con tareas específicas (situaciones reducidas de juego) que con inespecíficas (series de carrera). No obstante, también existe una corriente que considera que para alcanzar el máximo rendimiento en ciertas cualidades físicas básicas como la como fuerza, o la subsecuente, velocidad, no basta sólo con “jugar a fútbol”. De hecho, representantes de la propia escuela portuguesa, afirman que el futbolista necesita de ciertas dosis de trabajo inespecífico para ser competitivo en condiciones de especificidad, es decir, para alcanzar picos de velocidad máxima o conseguir una altura competitiva en salto vertical se deberá recurrir a un tipo de entrenamiento que vaya más allá de las propias situaciones reducidas de juego. He aquí el motivo por el que se sigue poniendo en tela de juicio la eficiencia de modelos donde prevalece, exclusivamente, el juego como tal.

Por lo tanto, sugerimos que el problema, dentro del paradigma contemporáneo de la “Periodización táctica”, es terminológico. Ese calificativo ha generado cierta confusión ya que hace parecer que dicha estructura, la “táctica”, prevalece sobre las demás cuando realmente no es así. Debido a ello se ha asociado a este paradigma la etiqueta de “anti-condicional” asumiéndose que se debe prescindir del trabajo de ciertas cualidades físicas de forma inespecífica hasta el punto de ser considerado como algo “mal visto” por y para muchos en una sesión de entrenamiento en fútbol en los últimos tiempos. Desde la propia escuela portuguesa se sugiere que un término menos cuestionable hubiera sido “Periodización futbolística”. Este nombre zanja cualquier debate al respecto ya que subraya que el vaso comunicante o nexo de unión entre las diferentes estructuras o dimensiones que componen el fútbol, es precisamente eso, el fútbol. Por tanto, a nuestro entender, un modelo de entrenamiento basado en la mencionada “Periodización futbolística” sigue los pasos marcados por la corriente portuguesa, priorizando el modelo o idea de juego, correctamente estructurado en principios y subprincipios que darán lugar a los contenidos de las diferentes tareas que, a su vez, construirán las diferentes sesiones de entrenamiento. Dichas sesiones, correctamente ordenadas a nivel fisiológico, conformarán el microciclo como unidad de trabajo semanal y su control de carga estará siempre correctamente planificado.

Por lo tanto, con este modelo de entrenamiento no se trata de ensalzar o infravalorar ciertas estructuras, sino de intentar separarlas lo menos posible, puesto que el juego en competición se va a manifestar globalmente sin que podamos fragmentar las partes que lo constituyen. Concretamente, la para muchos “repudiada” dimensión condicional, será tratada con la misma importancia que el resto de estructuras. En este sentido, para distribuir y controlar las cargas de trabajo, proponemos lo que denominaremos “ATR futbolístico”, siempre dentro de una atmósfera contextualizada en términos de especificidad e intensidad. Cada tarea, cada sesión y/o cada microciclo tendrá una etiqueta/nivel si la miramos desde la perspectiva condicional. Se trata de una versión modificada de una propuesta de modelo ATR aplicada al entrenamiento en fútbol en la cual durante la temporada se suceden diferentes ciclos de acumulación, transformación, realización y descarga de trabajo. Del mismo modo, con el fin de homogeneizar la terminología existente en la literatura, podemos establecer una conexión conceptual con los ya citados niveles de aproximación a la realidad del “Entrenamiento Estructurado”: general, dirigido, específico y competitivo. Llevando a cabo una analogía con nuestra propuesta en su perspectiva condicional, dichos niveles se corresponderían, respectivamente, con los ciclos de acumulación, transformación, realización y descarga, anteriormente mencionados. Para cerciorarnos de que la tarea, sesión y/o microciclo se corresponden con lo planificado, se puede recurrir a ciertos instrumentos de control de carga de entrenamiento como la escala Wellness pre-sesión, la escala RPE o de percepción subjetiva del esfuerzo post ejercicio, o incluso recurrir a herramientas más sofisticadas como los monitores de frecuencia cardíaca, los acelerómetros y/o los sistemas de posicionamiento global (GPS).

En definitiva, dentro del contexto de la “Periodización futbolística”, una sesión de trabajo tipo posee objetivos técnico-tácticos al mismo tiempo que debe alcanzar otros de carácter condicional, consiguiéndose los segundos a partir de tareas diseñadas para la consecución de los primeros y siempre en este orden jerárquico. Para ello, es clave conocer, controlar, modular y gestionar las variables implicadas en cada tarea (espacio, proporción numérica, número de contactos por jugador, duración de las series, pausas, etc.) para su correcta manipulación en función del momento de la semana/temporada y siempre con el fin de llevar a cabo un control óptimo de las cargas de entrenamiento. Del mismo modo, se hace necesario construir o diseñar la tarea a partir del análisis del juego, pues en muchas ocasiones la lógica interna de este deporte como tal se desvirtúa ante la obsesión por manipular las variables para alcanzar la intensidad que permita lograr el objetivo condicional. En este sentido, habrá tareas donde el objetivo técnico-táctico no requiera la participación de todo el colectivo, entonces se puede plantear una tarea complementaria a desarrollar simultáneamente en lo que denominaremos la “posta condicional”. Dicha tarea puede estar orientada a la consecución de un objetivo condicional difícil de asociar a la tarea prioritaria, como por ejemplo, un trabajo inespecífico de fuerza máxima o de velocidad. En ocasiones, puede resultar más eficiente este recurso antes que tratar de forzar la consecución de distintos objetivos poco asociables, lo cual puede conllevar la no consecución de ninguno.

En definitiva, se trata de conocer el juego y sus demandas para poder desarrollar escenarios de entrenamiento lo más completos y similares posibles al contexto de competición (especificidad) sin perder de vista jamás la lógica interna de este deporte. Recurriendo a un símil, sugerimos que una tarea de entrenamiento debe ser un recorte de una situación real de juego en la que hemos detectado algo (comportamiento, éxito, error…) acerca de un contenido (un subprincipio o varios) que nos interesa extraer y llevar a nuestro contexto de entrenamiento para focalizar la atención sobre él con un fin determinado (corregir, repasar, mejorar, perfeccionar…). Ese recorte de la realidad genera el escenario o contexto sobre el cual se diseñará la tarea y, puesto que emana de la competición como tal, todas las estructuras se manifestarán en mayor o menor medida y, por supuesto, su trabajo revertirá en la optimización del rendimiento individual, grupal y/o colectivo del equipo. El control y manipulación de las variables (espacio, número de contactos, proporción numérica, etc.) permitirá modular la intensidad de trabajo dentro de la tarea. Del mismo modo, el conocimiento de las demandas físicas y fisiológicas de la competición permitirá compensar con trabajo inespecífico aquello que sea rigurosamente necesario para ser competitivo en condiciones de especificidad.

Para finalizar, podemos afirmar que carece de sentido desmembrar en el entrenamiento algo que la realidad da unido, ya que sólo a través de esa manifestación simultánea de las diferentes dimensiones o estructuras que conforman el complejo entramado llamado “fútbol” se podrán generar interacciones entre las mismas, algo que jamás se produciría a través de la tradicional fragmentación del entrenamiento. De esta manera, proponemos la “Periodización futbolística” como una metodología de entrenamiento que nace a partir del análisis del propio juego, que prioriza el modelo en cada sesión sin descuidar el control de las cargas de trabajo, y que, por tanto, no sólo no compromete la dimensión condicional, sino que además permite la optimización simultánea del resto de estructuras específicas demandadas por la competición.

Autor:

Jaime Morente Sánchez

Doctor en Ciencias del deporte por la Universidad de Granada

Estancia post-doctoral en la FADEUP: Faculdade de Desporto da Universidade do Porto (Portugal)

Entrenador Nacional de Fútbol

Profesor de Educación Física

Contacto: jaimemorente@ugr.es

Twitter: @jaime_morente

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