Estos días se cumplen veinte años del fallecimiento de Carlos Cano, artista granadino, andaluz y universal. Este artista recibió en vida la Medalla de Plata de Andalucía en 1989 y a título póstumo el reconocimiento como Hijo Predilecto de Andalucía en febrero de 2001.

Afirmaba de sí mismo que “ser andaluz es la forma que tengo de ser persona”. Reivindicó con su música tradiciones casi olvidadas de su tierra. Como el trovo popular, las murgas, los tanguillos y la copla, “que no es canción ni es española, sino copla y andaluza”, afirmaba.

Nació en Granada, en el barrio del Realejo, el 28 de enero de 1946. En 1968 compuso su primera canción, “La miseria”, en la que retrataba con crudeza la realidad de los emigrantes andaluces. Él fue uno de ellos, ya que con apenas 18 años se tuvo que ir a Suiza, Holanda y Alemania para buscar el trabajo que en España no había.

Sus primeros discos tenían un marcado carácter político, aunque nunca militó en ningún partido. Reivindicaba el resurgir de una identidad andaluza casi fagocitada durante el franquismo y la consecución de la autonomía para Andalucía. Había compuesto su “Verde, blanca y verde” en 1973, inspirado por las ideas andalucistas de Blas Infante y tras conocer a personas declaradamente andalucistas, como Diego de los Santos o el periodista Antonio Burgos.

Su última actuación en público fue el 22 de noviembre de 2000, en un acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pocos días después, el 28 de noviembre, tuvo que ser intervenido de nuevo de urgencia al reproducírsele el aneurisma. A las pocas semanas, el 19 de diciembre, cuando parecía haberlo superado, falleció.