Es una de las frases que más utiliza al ‘mesías’ Diego Martínez en sus ruedas de prensa para que a nadie se le olvide de dónde viene este equipo. Viene del barro de la Tercera División, de campos prestados para poder entrenar, de impagos a sus jugadores, de la supervivencia más absoluta. Viene de Segunda, de un verano en el que Tebas le hizo la cruz al equipo por un desentendimiento con Adrián Ramos. Pero también venimos del Martínez Valero, del Carlos Belmonte y de Son Moix. De Hospitalet, Tamaraceite, Badalona, Badajoz y San Mamés.

El bisiesto mes de febrero le ha dado casi la permanencia matemática en Primera, algo impensable en otras temporadas. Y durante 7 minutos, este equipo estuvo en la final de Copa del Rey. Orgullosos de nuestros jugadores, un cántico que se ha convertido en un padrenuestro. Hoy, gracias a estos futbolistas, a este cuerpo técnico, a esta directiva, hay más granadinismo en Granada del que ha podido haber jamás.

Pasé un día después de la eliminación de Copa por una frutería en Camino de Ronda y la señora que atendía lucía con orgullo una sudadera del Granada. Los niños van al colegio con su chándal del Granada. Los taxistas escuchan en Radio Marca hablar del Granada. En las barras de los bares no se debate sobre el Real Madrid, Quique Setién o la Champions, se habla del Granada.

Aunque vengamos del barro, el alfarero Diego Martínez ha moldeado una obra de arte digna de ser colocada en el mejor museo. “Como sabíamos que no era imposible, lo hicimos” dijo tras ascender a Primera, ahora lo han vuelto a hacer. Y estoy convencido que no pasarán otros cincuenta años para revivir lo de los últimos días. Eso sí, ojalá y nunca volvamos al barro.

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